Federación Internacional Música Esperanza

 

"Si tomamos conciencia del rol de hombre público que corresponde obligatoriamente a todo artista, si consideramos la práctica musical como uno de los medios más efectivos para acceder a un ideal de arte y espiritualidad, si tendemos a otorgar al artista implicaciones humanas de universalidad y de fraternidad, debemos darle una alta responsabilidad y esperar de él el respeto de una cierta cantidad de exigencias. Música Esperanza responde a la promoción de este rol social."

Presidente fundador de la Federación Internacional Música Esperanza


Miguel Ángel Estrella

El movimiento humanitario Música Esperanza surgió de la historia de un músico, el pianista argentino Miguel Ángel Estrella. Artista no convencional, Miguel Ángel deseaba desarrollar una actividad socio-musical en los lugares más desfavorecidos de su país.

En Diciembre de 1977, es secuestrado y encarcelado por la dictadura argentina. Fue liberado en 1980, luego de una campaña de solidaridad que reunió a artistas y amigos del mundo entero.

En 1982, Miguel Ángel Estrella funda con su amigo Yves Haguenauer, el movimiento humanitario Música Esperanza, teniendo como objetivo contribuir, por medio de la música, a la construcción de un mundo sin fronteras, más solidario y más humano.

Hoy en día, la Federación Internacional Música Esperanza (FIME) es una organización no gubernamental (ONG) que coopera activamente con la UNESCO desde 1992. Su sede está en París.

El trabajo de la FIME se apoya en el trabajo en terreno de 20 asociaciones Música Esperanza, repartidas entre los siguientes 6 países : Argentina, Bélgica, España, Francia, Portugal y Suiza.

Desde hace 30 años, la FIME desarrolla y participa en programas internacionales, poniendo la música al servicio de los Derechos Humanos, la Paz y la Juventud.

 

Los principios fundadores de Música Esperanza

De acuerdo a la a su carta de principios, los adherentes a la Federación Internacional Música Esperanza se compromenten esencialmente a:

    - promover la música y su enseñanza en lugares prioritariamente desfavorecidos;

    - velar dondequiera, y sobre todo en los programas de enseñanza y desarrollo, por el respeto de las tradiciones artísticas populares, que constituyen las raíces culturales de las comunidades humanas, parte de nuestro patrimonio universal;

    - privilegiar la formación de jóvenes músicos sociales, para que puedan actuar en lugares donde resida una población en dificultad;

    - favorecer, esencialmente entre un público de niños y adolescentes, la igualdad de oportunidades y la apertura a una Cultura de Paz, por medio de programas musicales capaces de suscitar en ellos una participación activa, así como de despertar su solidaridad;

    - promover una función crítica del arte, no fundada en criterios comerciales.